3_9_2010
Uruguay
especiales | GIRA / AMÉRICA LATINA

"¿Qué es eso?", preguntó Bush y se comió una milanesa

Fecha: 12/03/2007 08:32


Andrés Alsina de la Redacción de El Observador. Al menos en Uruguay, es el sueño del pibe. Comer milanesas con ravioles, imagínense, y George W. Bush lo cumplió antes de irse. Casualidades, seguramente.

La historia fue así: el sábado, al terminar las actividades oficiales, el visitante se liberó un poco del protocolo. Claro, el anfitrión poco pellizca en una recepción y la decisión ejecutiva fue salir a cenar.

Pero era secreta, como corresponde a la seguridad de todos sus movimientos.

A las 19 horas, una mujer estadounidense se apareció en el restaurant La Corte y le dijo al encargado Tomás Bartesaghi, el único en el local en ese momento que hablaba inglés:

- Por favor, prepáreme una mesa para siete.

- Lo lamento, no abrimos hasta las ocho.

- Usted prepáreme una mesa para siete ahora. ¿Puede hacerlo?

- Sí, yo lo hago, pero la cocina no abre hasta las ocho así que...

- Usted prepárela ya y después vemos, ¿sí? En la parte de abajo, por favor.

- Bueno, dijo Bartesaghi- hombre que no sólo cocina bien sino que es viajado y experiente en esto de las sorpresas. De modo que no lo asombró para nada que la señora supiera de la geografía del local y que supiera que él hablaba inglés.

- Y le pido que en quince minutos esté en la puerta para recibir a quienes vienen, remató la señora, presumiblemente del Servicio Secreto presidencial.

Y así fue. Pero Tomás no se esperaba a los que cayeron a su puerta: Bush y señora, su canciller Condoleezza Rice, el embajador y señora y otras dos personas.

Sin mostrar su sorpresa (es, ante todo, un profesional) les dio una amable bienvenida y los condujo a su mesa, en la cava del restaurante.

Bush le preguntó a Tomás qué recomendaba.

- Bueno, dado que ustedes en Anchorena comieron carne, tal vez quieran algo de pasta.

Y eso pidieron los siete: ravioles a la caprese. Pero no la traductora, quien pidió una milanesa.

- ¿Qué es eso?, preguntó Bush.

- Carne empanada. Les traigo un poco para picar, si gustan, improvisó, rápido, Tomás.

Y así fue, y la picada se mezcló con los ravioles porque la milanesa realmente gustó.

Se quedaron una hora y media, se ve que a gusto. Y a la hora de pagar Bush le dijo a la persona a cargo de esos menesteres:

- Leave them a very good tip. They really deserve it (déjales una buena propina, realmente se la merecen). Y las dos camareras recibieron el 25% de la cuenta.

El recreo había terminado para ellos, y salieron a enfrentar los flashes que los esperaban a la salida. En La Corte, Bartesaghi respiró hondo y comenzó su jornada.