especiales
|
GIRA / AMÉRICA LATINA
"¿Qué es eso?", preguntó Bush y se comió una milanesa
Fecha:
12/03/2007
08:32
Andrés Alsina de la Redacción de El Observador. Al menos en Uruguay, es el sueño del pibe. Comer milanesas con ravioles, imagínense, y George W. Bush lo cumplió antes de irse. Casualidades, seguramente.
La historia fue así: el sábado, al terminar las actividades oficiales, el visitante se liberó un poco del protocolo. Claro, el anfitrión poco pellizca en una recepción y la decisión ejecutiva fue salir a cenar.
Pero era secreta, como corresponde a la seguridad de todos sus movimientos.
A las 19 horas, una mujer estadounidense se apareció en el restaurant La Corte y le dijo al encargado Tomás Bartesaghi, el único en el local en ese momento que hablaba inglés:
- Por favor, prepáreme una mesa para siete.
- Lo lamento, no abrimos hasta las ocho.
- Usted prepáreme una mesa para siete ahora. ¿Puede hacerlo?
- Sí, yo lo hago, pero la cocina no abre hasta las ocho así que...
- Usted prepárela ya y después vemos, ¿sí? En la parte de abajo, por favor.
- Bueno, dijo Bartesaghi- hombre que no sólo cocina bien sino que es viajado y experiente en esto de las sorpresas. De modo que no lo asombró para nada que la señora supiera de la geografía del local y que supiera que él hablaba inglés.
- Y le pido que en quince minutos esté en la puerta para recibir a quienes vienen, remató la señora, presumiblemente del Servicio Secreto presidencial.
Y así fue. Pero Tomás no se esperaba a los que cayeron a su puerta: Bush y señora, su canciller Condoleezza Rice, el embajador y señora y otras dos personas.
Sin mostrar su sorpresa (es, ante todo, un profesional) les dio una amable bienvenida y los condujo a su mesa, en la cava del restaurante.
Bush le preguntó a Tomás qué recomendaba.
- Bueno, dado que ustedes en Anchorena comieron carne, tal vez quieran algo de pasta.
Y eso pidieron los siete: ravioles a la caprese. Pero no la traductora, quien pidió una milanesa.
- ¿Qué es eso?, preguntó Bush.
- Carne empanada. Les traigo un poco para picar, si gustan, improvisó, rápido, Tomás.
Y así fue, y la picada se mezcló con los ravioles porque la milanesa realmente gustó.
Se quedaron una hora y media, se ve que a gusto. Y a la hora de pagar Bush le dijo a la persona a cargo de esos menesteres:
- Leave them a very good tip. They really deserve it (déjales una buena propina, realmente se la merecen). Y las dos camareras recibieron el 25% de la cuenta.
El recreo había terminado para ellos, y salieron a enfrentar los flashes que los esperaban a la salida. En La Corte, Bartesaghi respiró hondo y comenzó su jornada.