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Sin vergüenza

La Universidad de la República compró 250 butacas para el Paraninfo a un costo de US$ 850 cada una: US$ 217 mil en total

Por Gabriel Pereyra

Hace un tiempo tuve una larga conversación con cirujanos del hospital de Clínicas. Sus historias meten miedo. ¡Pobre de alguna gente que le toca ser operada en el Clínicas! Los cirujanos hacen lo indecible, pero las carencias son tan tremendas que las propias autoridades del hospital, para evitar una desgracia o uno de esos errores inexcusables que terminan con algún médico preso, decretaron el feriado quirúrgico: algunas operaciones se suspendieron, otras se espaciaron y, como siempre, el perjudicado es el usuario de ese servicio estatal.

El Clínicas depende de la Universidad de la República. El semanario Búsqueda acaba de publicar que la Universidad de la República compró 250 butacas para el Paraninfo a un costo de US$ 850 cada una: US$ 217 mil en total. Esa compra era “absolutamente indispensable”, declaró Ricardo Roca, pro rector de gestión administrativa de la Universidad que vaya uno a saber si tiene idea de las gasas que no hay, los microscopios que no funcionan, los aparatos rotos y el desastre que es el Clínicas. Roca, en cambio, sí sabe qué hay que hacer con el lugar donde ponen sus nalgas los pro hombres de la patria, porque está claro que los que se atienden en el Clínicas difícilmente entren algunas vez al Paraninfo.

Hace tiempo que la Universidad y sus popes devinieron en una casta defensora de los privilegiados que pueden ingresar a esa casa de estudios; endogámica en sus beneficios y llorona a la hora de pedirle a los pobres que la sigan financiando de su bolsillo, aunque nunca tengan la chance de atravesar sus muros. Pero los popes universitarios no son los únicos responsables de eso, ni siquiera los principales, aunque no estaría mal que, más no sea para llenar el ojo, alguno pida disculpas por lo de las butacas. No es a ellos a quienes, en definitiva, se les debería pedir explicación por esta desfachatez de las butacas, sino a quienes les dan cada vez más y más dinero para que lo manejen discrecionalmente gracias a esa autonomía que se ha convertido en una especie de licencia para el dislate. Los que decidieron darle ese dinero a la Universidad fueron los legisladores, los representantes de la ciudadanía, y deberían ser ellos los que hicieran algo. Claro, será difícil porque buena parte de ellos es hijo de esa casta universitaria, otros están comprometidos ideológicamente, y ninguno se atiende en el Clínicas.

Todos, en cambio, tienen chance de ser homenajeados alguna vez en el Paraninfo, ese sacro lugar que de ahora en más nos debería recordar a todos que, por más cambios que haya habido, si es que los hubo, en este país siguen siendo más importantes las posaderas de los poderosos que la humanidad de los desposeídos.

Publicado | 29/01/2009

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