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El día después

Se silenciaron las bocinas y dejaron de flamear las banderas

Por Marta Penadés

Las personas guardamos en nuestras retinas el color y las figuras de un puñado de uruguayos deportistas comprometidos con la sociedad y con sí mismos, en dar lo máximo que tuvieran a su alcance.
Fueron embajadores durante treinta días de una cultura disciplinada y alegre. Respetuosa y solidaria; dejando muy atrás y en el olvido aquella imagen de deportista golpeador y agresivo que muchas veces fue la definición que nos adjudicaron.
Hoy, un nuevo grupo humano “muestra” otra manera de hacer fútbol. Y lo hace con entrega y dedicación.
Y por treinta días los uruguayos dejamos de hablar de lo cotidiano; de las huelgas, asaltos, arrebatos, problemas con la salud, presupuestos, piquetes y tantos acontecimientos más que nos van minando el alma. Nos van entristeciendo y desesperanzando.
Con motivo del paso de Uruguay a los cuartos de final del Campeonato de fútbol, nos llegaron comentarios de amigos en el exterior que compartieron a su vez la opinión de la prensa.
Rescato los comentarios de Mayfair, quien definía a Uruguay como el país más culto de América del Sur.
El primer país que había instituido la educación Pública. El primer país en el que votó por primera vez la mujer. El país que resolvió una vuelta a la democracia con un referéndum, con paz. Un país con tres millones de habitantes, que se da el lujo de clasificar con selecciones de países mucho más numerosos que el nuestro… En fin, mil elogios más.
 
Hoy, habiéndose silenciado los ecos mundialistas, considero que cabe la reflexión: si es meritorio tener tan buenos deportistas cuando somos pocos, y provocar el asombro del mundo; también el ser pocos habitantes debería ser una ventaja para que de manera más eficiente pudieran resolverse temas tan acuciantes como el de las cárceles, el hacinamiento de los presos, los riesgos de vida de los ciudadanos, cualquiera sea la condición de estos y la violencia en todas sus manifestaciones.
Los ciudadanos queremos festejar logros y no escuchar disculpas o justificaciones. Y frente a logros tangibles, evidentes y no políticos, todos tomaremos la bandera Uruguay y festejaremos por todos aquellos que nos devuelvan el orgullo de ser uruguayos.
Como lo hicimos con la celeste.

Publicado | 15/07/2010

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