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Errores que matan

Hay errores cuyo costo es demasiado caro, y nadie paga por ellos

Por Juan José Norbis

La sociedad estigmatiza y la Justicia sanciona a autores de equivocaciones médicas que terminan con la vida de un paciente. En aspectos mucho más baladíes de la vida, errores arbitrales o jugadas fatales en el fútbol corren la misma suerte, en muchos casos hasta con exageración.

Esa misma sociedad, y lo que es peor, el sistema, no dicen casi nada de equivocaciones flagrantes de quienes de alguna manera administran situaciones extremas sin la pericia suficiente desencadenando dramas irreversibles, como algunas decisiones de la Justicia.

Un abogado sostuvo hace tiempo que "los jueces no están para aplicar la ley. Están para hacer justicia".
Hace pocos años un juez no tuvo mejor idea que someter a un careo a un individuo y a su compañera que lo denunció por violencia doméstica. Primero esperaron juntos, solos, en un cuartito del juzgado, después, ante el juez, con el rostro del golpeador amenazante delante suyo, la muchacha terminó de entrar en pánico y declaró que el hombre jamás la golpeó ni a ella ni a sus hijos. Ante ello el juez dejó libre al acusado quien enfurecido por lo que había ocurrido volvió a su casa golpeó salvajemente a su mujer y a sus hijos, luego tomó un arma y disparó matando a la joven señora, a dos de sus hijos, el tercero resultó gravemente herido y él se suicidó. Todo en las dos o tres horas siguientes a la resolución judicial.

Hace pocas semanas, otro juez decidió que no era suficiente el reconocimiento de un adolescente por parte de varias víctimas como partícipe en secuestros exprés en Punta Carretas y Villa Biarritz y dispuso que quedara libre, a cargo de sus padres, claro. Pocos días después el menor fue detenido junto a otro adolescente y un mayor implicado en el crimen del propietario de taxis, Newbery Campos, asesinado durante un atraco.

Tras casos que rozan el extremo de lo posible, otros ejemplos de yerros que rodean y hacen daño a la comunidad, parecen insignificantes, pero un poco más abajo en la escala, pero con la misma indolencia, están los administradores públicos o abogados del Estado que por ignorancia o desidia hacen perder millones al erario y siguen tan campantes.
Parece que, en general, al menos, pero hasta en casos graves y gravísimos, el sistema ampara a los suyos.





Publicado | 25/07/2010

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