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Convivencia religiosa

"¿Son las religiones esencialmente intolerantes?,¿por qué es tan difícil la coexistencia de creencias?, ¿qué hace que una fe quiera imponerse a otra?..."

Por Emilio Blanco

Consideremos los violentos conflictos religiosos que se viven actualmente, o simplemente el autoritarismo y dogmatismo predominantes en la mayoría de las iglesias. ¿Son las religiones esencialmente intolerantes? ¿Hay algo en la naturaleza de las religiones que las lleva a invadir constantemente la libertad ajena? ¿Por qué es tan difícil la coexistencia de creencias? ¿Qué hace que una fe quiera imponerse a otra?

Supongo que habrá gente dedicada a estudiar esto hace años. Yo, que no se nada, creo que hay un rasgo común, esencial a casi todas las religiones, que las inclina a la intolerancia. Se trata de la creencia básica en el Bien y el Mal, como fuerzas opuestas que regulan el universo. No estoy diciendo que todas las religiones lo formulen así, o lo tengan así de claro. Pero en todas o casi todas subyace la división Bien / Mal, la cual coincide con la división fieles / infieles, y hace que los primeros siempre intenten convertir, someter, o exterminar a los segundos.

La explicación podría ser sencilla: las religiones son el fruto de nuestra incertidumbre frente al ambiente, y expresan los rasgos de la comunidad en la que nacen. En este sentido, son un recurso mágico para obtener protección y favores de fuerzas sobrenaturales (Weber), y manifiestan la unidad y rasgos del grupo en que nacen (Durkheim). En cada acto religioso se juega, por lo tanto, el bienestar y la cohesión de la comunidad. Quien no cree, o no practica, amenaza al grupo: lo debilita y puede atraer la mala suerte, la venganza o la indiferencia divina. Si la danza de la lluvia no la bailamos todos, o alguien la baila mal, se corre el riesgo de que fracase. Si cada uno sigue las creencias que quiere, la cohesión social se deteriora. “Creés o te reventamos”.

Pero la intolerancia no sólo está presente en los creyentes en un sentido estrictamente religioso. También la muestran los moralistas que apelan a la “naturaleza”, los militantes que apelan a la “justicia”, o los conservadores que apelan al “orden”. Tras la apariencia de laicidad se oculta este residuo religioso, por el cual se ve como enemigos de la sociedad a quienes no se someten al valor sacralizado.

Las sociedades actuales, sin embargo, son tan complejas que garantizan parte de la cohesión aún en ausencia de creencias y valores únicos. La democracia como sistema político, el mercado como sistema económico, y la separación de los ámbitos público y privado permiten regular interacciones, decisiones y conflictos entre personas muy distintas. La socialización en valores laicos, como el respeto al derecho ajeno, también contribuye a este equilibrio. En estas condiciones, el predominio de una religión o su invasión a las esferas públicas o del mercado representa un peligro para el desarrollo social y para la libertad de conciencia.

Frente a esta amenaza, a lo único que puede apelarse es a mayor libertad y mayor laicidad en las instituciones. La religión debe ser confinada al ámbito estrictamente privado, y el estado debe educar en meta-valores como la tolerancia y el respeto a las creencias y formas de vida distintas.

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Publicado | 25/03/2008

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