Al escuchar las palabras “robot uruguayo” seguramente nos venga a la mente la imagen de Ultratón, el histórico robot delator. Pero los nuevos robots charrúas más que a las infidencias se dedican a las luchas de sumo.Historia. El jueves por la noche el pequeño salón de la Facultad de Ingeniería se llenó rápidamente. Niños, docentes, estudiantes, funcionarios, algunos acompañados de sus familiares, fueron ocupando el aula donde, se iba a desarrollar la primera lucha de sumo entre robots made in Uuruguay.
Uno de los niños era Felipe, un chico de diez años que estaba ansioso porque iba a controlar a un robot de verdad. Gonzalo Tejera, docente de la facultad y organizador del torneo comentó como surgió la idea. “En el 2003 construimos nuestro primer robot móvil. Un compañero que estaba estudiando en Barcelona nos comentó sobre torneos de lucha de robots radiocontrolados. A partir de ahí comenzamos a organizar el evento Sumo.uy, realizándose la primera edición en el 2004”.
Reglamento. El torneo es una competencia de programación en donde los participantes reciben el hardware, los robots, y deben resolver las estrategias a través de programas.
Los luchadores se colocan en sus respectivas posiciones dentro del dohyo, el círculo en donde se desarrolla la pelea. Cada lucha es al mejor de tres rounds en los que el objetivo siempre es el mismo: sacar al oponente del círculo.
Una cámara colocada sobre el “ring” transmite a los equipos todos los movimientos que suceden en el interior del mismo y el tanteador de la pelea, lo que le permite a los participantes tomar estrategias más agresivas en caso de ir recibiendo una paliza.
Los participantes una vez que eligen su táctica envían desde sus PCs las ordenes al servidor central y este la emite por intermedio de señales inalámbricas hacía los robots.
Una vez que los estrategas dan las ordenes no vuelven a tocar las PCs. “El comportamiento de los robots es autónomo, no es controlado por joysticks ni nada por el estilo. Podríamos decir que es una especie de “inteligencia artificial”, señaló Tejera.
Made in Uruguay. “Me gustan mucho los robots”, dijo Felipe, que vestía la remera oficial del torneo y que iba a dirigir al robot KrustyBot junto a su padre, Federico Rodríguez, funcionario de la facultad.
Los robots luchadores fueron creados por dos ingenieros que diseñaron un prototipo de bajo costo, reciclando partes de impresoras y placas de computadoras en desuso. Los robots uruguayos son cubos de 14 centímetros de lado con dos ruedas que les permiten desplazarse por todo el círculo de combate.
El club de la pelea. Para iniciar el torneo se formaron tres equipos los que bautizaron a sus robots con los nombres de KrustyBot, Botija y RoboZen, luego se sorteó el fixture de peleas y comenzó la acción.
El equipo de Felipe y su padre debía enfrentar a Botija, el robot que era dirigido por tres estudiantes de la facultad. “No vamos a revelar nuestra estrategia, es top secret”, dijo uno de los integrantes del grupo.
“Nuestro plan es bien simple, queremos que el robot salga derecho a atacar al otro”, comentó Rodríguez padre antes de la pelea, sin embargo la estrategia ultraofensiva pareció no darles resultado ya que en el primer round KrustyBot salió despedido del dohyo. En los otros dos rounds sucedió lo mismo, perdiendo la pelea. Mientras algunos festejaban Felipe protestó, reclamando que algo podía haber fallado. Finalmente la organización constató que los robots tenían diferentes cargas en sus baterías lo que invalidó el torneo.